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Por Agustín de Vicente , 8 de abril de 2026 | 10:31Qué es la ósmosis inversa y por qué se volvió clave para Chile, la minería y la seguridad hídrica
La desalación mediante ósmosis inversa gana protagonismo en Chile como respuesta a la escasez hídrica, el crecimiento urbano del norte y la transformación de la minería hacia un mayor uso de agua de mar.
Cuando una persona abre la llave en Antofagasta, el agua que recibe puede haber llegado desde el océano. Lo que hace algunos años parecía excepcional, hoy forma parte de una transformación mayor: en el norte de Chile, la ósmosis inversa se ha convertido en una de las tecnologías más relevantes para enfrentar la escasez hídrica, abastecer ciudades y reducir la dependencia de fuentes continentales en la minería. Desde marzo de 2025, Antofagasta y Mejillones quedaron abastecidas 100% con agua desalada, con una capacidad de producción de 1.436 litros por segundo, tras la ampliación de la planta desaladora local.
En términos simples, la ósmosis inversa es el proceso que permite desalar agua de mar. Para lograrlo, el agua es sometida a alta presión y forzada a pasar por membranas que retienen sales e impurezas, dejando un caudal apto para uso industrial y, con tratamientos complementarios, también para consumo humano. En un país marcado por la sequía prolongada y por una fuerte demanda hídrica en zonas áridas, esta tecnología dejó de ser una solución periférica y pasó a ocupar un lugar central en la discusión sobre desarrollo y sostenibilidad.
Por qué la ósmosis inversa hoy importa tanto en Chile
La importancia de esta tecnología va mucho más allá del ámbito técnico. Su valor estratégico radica en que cada litro de agua de mar desalinizada que se incorpora al sistema es un litro menos que debe extraerse de ríos, embalses o acuíferos. En el norte, donde el recurso hídrico es limitado y la presión sobre las fuentes continentales ha sido histórica, esa diferencia resulta clave tanto para la vida urbana como para la producción.
En minería, la transición ya está en marcha. Cochilco informó que en 2023 el consumo de agua fresca en la minería del cobre fue de 18,83 m³/s, y que 36% de ese volumen correspondió a agua de mar, mientras el restante 64% provino de fuentes continentales. Además, el organismo proyecta que la demanda de agua de mar en la gran minería seguirá creciendo de forma significativa hacia 2034.
Ese cambio refleja un giro estructural: la industria no solo busca optimizar su eficiencia hídrica, sino también reemplazar de manera progresiva el uso de agua dulce en zonas donde comunidades, agricultura, ciudades y ecosistemas dependen del mismo recurso.
Una historia que comenzó mucho antes del auge actual
Aunque hoy la desalación aparece como una gran respuesta frente a la crisis hídrica, su historia en la minería chilena comenzó hace varias décadas. Uno de los hitos pioneros fue Minera Michilla, ligada históricamente al grupo que hoy forma parte de Antofagasta Minerals, y que es identificada como la primera operación en Sudamérica en construir una planta desaladora de tamaño industrial en 1993. Ese antecedente marcó uno de los primeros pasos concretos de la minería chilena hacia el uso de agua de mar como fuente alternativa de abastecimiento.
Años más tarde, Minera Escondida, operada por BHP, llevó esta lógica a una escala mucho mayor. La compañía señala en su Water Report 2018 que la primera planta desalinizadora de gran escala para uso industrial en Chile fue puesta en marcha en Escondida en 2006, con una capacidad de 525 litros por segundo y un sistema de impulsión desde Coloso hasta la operación minera en altura. En 2018, la faena comisionó una segunda planta desalinizadora, consolidando el uso de agua de mar como parte estructural de su operación.
Visto en perspectiva, la desalación minera en Chile no surgió de un solo proyecto ni de una sola empresa. Fue el resultado de una evolución gradual que comenzó con experiencias pioneras en los años 90 y que hoy se proyecta como uno de los principales pilares de la seguridad hídrica del sector.
De Antofagasta a la gran minería: el agua de mar gana terreno
El desarrollo de la desalación en Chile ya no se limita a casos aislados. En el plano urbano, Antofagasta se transformó en un símbolo de esta transición al convertirse en la primera gran ciudad de Latinoamérica abastecida completamente con agua desalada. Ese hito muestra que la tecnología no solo está redefiniendo la relación entre minería y agua, sino también la manera en que las ciudades del norte enfrentan su futuro hídrico.
En el caso minero, la expansión ha sido sostenida. Codelco, por ejemplo, adjudicó en 2022 la construcción de su Planta Desalinizadora Distrito Norte, ubicada al sur de Tocopilla, para abastecer a Chuquicamata, Ministro Hales y Radomiro Tomic. El proyecto operará por ósmosis inversa, con una capacidad inicial de 840 litros por segundo, y su puesta en marcha está comprometida para 2026.
La estatal ha vinculado esta infraestructura con una meta más amplia: reducir fuertemente su dependencia de aguas continentales en la próxima década. Ese objetivo se alinea con una tendencia cada vez más extendida entre grandes operaciones de cobre que buscan sostener producción y crecimiento en zonas de alto estrés hídrico.
La desalación ya no es alternativa: es parte de la estrategia
Hoy, la ósmosis inversa importa en Chile porque conecta tres dimensiones críticas al mismo tiempo: seguridad hídrica, continuidad productiva y adaptación al cambio climático. Para las ciudades del norte, permite ampliar el abastecimiento sin seguir presionando fuentes dulces escasas. Para la minería, ofrece una vía concreta para mantener operaciones y proyectos futuros en regiones donde el agua continental es cada vez más limitada.
Por eso, la desalación dejó de verse como una solución excepcional o costosa reservada a casos puntuales. Se convirtió en una infraestructura estratégica para el país, especialmente en territorios donde el crecimiento urbano, la actividad minera y la disponibilidad natural de agua chocan de forma cada vez más evidente.
Una tecnología clave para el Chile que viene
La historia reciente muestra que Chile ya no está discutiendo si la desalación será importante, sino qué tan rápido y con qué escala seguirá creciendo. Desde la pionera experiencia de Michilla en los años 90, pasando por la expansión de Escondida desde 2006 y 2018, hasta el abastecimiento urbano total de Antofagasta y los nuevos proyectos mineros en desarrollo, la ósmosis inversa pasó de ser una innovación incipiente a una herramienta clave para sostener el futuro hídrico del norte.
En el desierto más seco del mundo, eso no es un detalle técnico. Es una señal concreta de cómo Chile está aprendiendo a producir, habitar y crecer con una fuente de agua que durante mucho tiempo pareció inalcanzable: el mar.
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