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Por Miguel Rifo , 6 de agosto de 2025 | 12:00Colapso en El Teniente: qué falló y qué cambiará en la seguridad minera
El académico Juan Pablo Vargas, experto en ingeniería de minas de la Universidad de Santiago, entrega claves para comprender el contexto técnico del colapso en el proyecto Andesita de El Teniente, y proyecta los ajustes que deberá implementar la industria tras el fatal accidente.
El derrumbe en el sector Andesita de El Teniente, que cobró la vida de seis trabajadores, marcó un hito en la historia reciente de la minería subterránea en Chile. Según explicó el académico Juan Pablo Vargas, el evento fue gatillado por un sismo de magnitud 4.3, inusual no por su intensidad, sino por sus consecuencias, "nunca habíamos tenido una actividad sísmica con la capacidad de colapsar múltiples galerías en una operación de este tipo”, señaló. La magnitud del colapso revela una interacción compleja entre actividad minera y condiciones geomecánicas profundas.
Estallidos de roca y presión litoestática
Vargas recordó que desde la década de los 70s se reportan estallidos de roca en El Teniente, un fenómeno propio de la minería subterránea profunda. Este tipo de eventos ocurre cuando el macizo rocoso no puede deformarse frente al aumento de presión, generando rupturas violentas. A pesar de su frecuencia, el académico advierte que el nivel de energía liberado en este caso fue excepcional.
“Es como cuando un muro de contención colapsa ante un tsunami: el diseño puede ser robusto, pero hay escenarios fuera del rango de previsión”, explicó.
Minería inducida y sismos no tectónicos
El especialista subraya que el sismo que habría gatillado el colapso no sería de origen tectónico, sino inducido por la propia actividad minera. En faenas extensas como El Teniente, donde existen más de 4.500 kilómetros de túneles, las tensiones generadas por el laboreo pueden provocar microfallas acumulativas y, eventualmente, colapsos mayores. “La actividad sísmica inducida no siempre se distingue fácilmente, pero puede alcanzar niveles destructivos si coincide con zonas geomecánicamente comprometidas”, detalló.
“Este accidente marcará un antes y un después para toda la industria. No solo por su impacto humano, sino porque obliga a reexaminar nuestros modelos de estabilidad, monitoreo y diseño estructural. Las lecciones que extraigamos no serán exclusivas de El Teniente, sino que se proyectarán sobre toda la minería subterránea nacional. Así funciona la seguridad industrial: cada evento extremo reconfigura la forma en que entendemos el riesgo”,
Tecnología y monitoreo preventivo
Consultado por las herramientas disponibles para anticipar estos eventos, Vargas señaló que la mina contaba con sensores y monitoreo sísmico permanente, lo que permite reconstruir con precisión lo que ocurrió antes y después del colapso. Sin embargo, advirtió que la interpretación de estos datos no siempre permite anticiparse a eventos extremos.
“los equipos registran deformaciones y actividad sísmica, pero hay límites para prever colapsos de esta magnitud, especialmente si son inducidos por una combinación de factores geológicos y operacionales”.
Durante los días posteriores al accidente, diversos trabajadores afirmaron que “el cerro estaba hablando”. Vargas no descartó que esas señales hayan existido: “cuando una estructura se acomoda, emite sonidos. Lo relevante es contrastar esas percepciones con la instrumentación disponible. La data geomecánica será clave para esclarecer si efectivamente hubo advertencias que no fueron consideradas”, puntualizó.
Reajustes en protocolos y continuidad operacional
El académico sostiene que el proyecto Andesita podría reactivarse, aunque no de inmediato. “La producción continuará en niveles superiores, pero los sectores afectados deberán ser sometidos a una reingeniería integral, incorporando medidas que hasta ahora no estaban en el radar”, señaló. En esa línea, recalcó que este tipo de accidentes obliga a la industria a ajustar sus estándares, al igual que ocurrió tras la emergencia de la mina San José. “La minería nacional, pese a ser la industria más segura del país, deberá replantear protocolos, metodologías y quizás también sus paradigmas de riesgo”, concluyó.
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