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Por Agustín de Vicente , 19 de febrero de 2026 | 16:48ENAMI: decisiones difíciles y recuperación de valor público
Opinión de Marcelo Aguilar Pino, Magister en Gestión de Negocios y Director Ejecutivo – Conectaria, Presidente Comité de Minería – AIC.
En los últimos años, la Empresa Nacional de Minería ha estado en el centro de un debate intenso. Y no es casual, ya que la ENAMI cumple un rol singular en la minería chilena, al combinar funciones productivas con un mandato explícito de fomento a la pequeña y mediana minería, un segmento clave para el empleo regional y el desarrollo de proveedores.
Evaluar su desempeño, por tanto, exige algo más que una lectura puntual de resultados financieros. Requiere observar decisiones estratégicas, muchas de ellas complejas y costosas en el corto plazo, pero relevantes para restablecer viabilidad y asegurar un fomento real a largo plazo para el segmento al que dedica su quehacer.
Una de esas decisiones fue la venta de la participación que ENAMI mantenía en Quebrada Blanca. El traspaso del activo a Codelco permitió sanear de manera significativa la posición financiera de la ENAMI, reduciendo presión sobre su balance y su nivel de endeudamiento. Desde una perspectiva de interés público, más allá de discusiones teóricas sobre valorizaciones, es que el Estado reasignó un activo hacia la empresa con mayor escala, capacidad financiera y vocación natural para gestionarlo, al mismo tiempo que liberó a la ENAMI de una carga que no era coherente con su rol principal.
Otra decisión relevante fue el cierre de la fundición en Paipote. Se trató de una medida difícil, con impactos sociales y territoriales evidentes, particularmente en la Región de Atacama. Sin embargo, desde el punto de vista técnico y financiero, la continuidad de una operación estructuralmente deficitaria solo profundizaba el deterioro de la empresa. Mantener pérdidas permanentes en nombre del fomento no fortalecía ni a la ENAMI ni a la política minera del país.
Este cierre, además, no puede analizarse de manera aislada. Hoy existe aprobación ambiental para la nueva Fundición Hernán Videla Lira, con estándares tecnológicos y ambientales acordes a los desafíos actuales. Esa secuencia, detener pérdidas primero, reconstruir capacidades después, refleja una lógica industrial más responsable y sostenible en el tiempo, lejos de soluciones transitorias que solo postergan los problemas.
En la gestión de los últimos dos años la ENAMI ha comenzado un proceso de ordenamiento y consolidación financiera que merece ser reconocido. No se trata de afirmar que todos los desafíos estén resueltos, ni de desconocer las tensiones propias de una empresa estatal con múltiples objetivos. Pero sí de constatar que, tras años de fragilidad, la empresa empieza a mostrar señales de estabilidad y dirección acorde con su rol.
¿Y cuál es el beneficio para Chile? Contar con una ENAMI financieramente sana no es un objetivo en sí mismo, sino un medio. Significa asegurar la continuidad del fomento a la pequeña y mediana minería, preservar miles de empleos directos e indirectos, sostener ecosistemas regionales de servicios y proveedores, y garantizar que este segmento siga aportando a la actividad económica y recursos fiscales al país.
En ese contexto, la invitación es a dar continuidad a la gestión de los dos últimos años que ha llevado a la ENAMI a reportar números azules. Las decisiones difíciles ya se tomaron y sus costos ya fueron asumidos. Desandar ese camino, por razones coyunturales o presiones de corto plazo, sería desconocer el valor que tiene para Chile contar con una empresa pública que cumple su mandato con responsabilidad financiera y visión de largo plazo.
Reconocer una gestión que comienza a dar resultados no es una señal de complacencia. Es, simplemente, una forma de elevar el debate y poner el foco en cómo fortalecer instituciones públicas que son esenciales para el desarrollo equilibrado de la minería chilena.
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